13/12/2009 - día de elecciones en Chile.
Lo que yo cántico es una respuéstica
a una pregúntica de unos graciósicos… - Violeta Parra.
Estoy en desacuerdo con la afirmación de que en realidad esta votación no cambiará al país, que no se observarán cambios decisivos en la economía ni en la política. También estoy en desacuerdo con la afirmación de que se trataría sólo de un cambio de élite y que no afectaría de fondo al país.
Quienes afirman eso, olvidan – o desconocen – algunos asuntos que para mí sin embargo resultan decisivos. La gran diferencia con la derecha en general – por más diferencia que exista entre la derecha al respecto – tiene que ver con los derechos humanos. Más allá de algunos casos individuales de personalidades políticas de derecha que han manifestado alguna vez públicamente su rechazo por las horrorosas transgresiones de los 17 años de Pinochet – por el cruel sufrimiento causado a miles de chilenos y chilenas cuando co-gobernaban con Pinochet – la verdad es que estas elites políticas civiles de derecha han evadido exitosamente el asunto durante dos décadas de democracia. La justicia ha procesado a ejecutores directos, agentes de la DINA, CNI y uniformados involucrados en torturas y desapariciones de detenidos.
En segundo lugar resulta incomprensible que electorados sensatos estén dispuesto a apoyar sin más a Sebastián Piñera – un operador diestro del mundo de las grandes finanzas. Es como si el electorado de Estados Unidos eligiera – después de esta crisis financiera internacional que los dejó al borde del precipicio económico – a un financierista de Wall Street a la presidencia. Cuando el gran esfuerzo legislativo que realizan en la actualidad es por regular a Wall Street para prevenir una crisis de recaída – por su adicción a los derivados y otros mecanismos de alto riesgo. Es ilógico elegir a la presidencia del país, después de la crisis global que se originó en el mundo de las finanzas y que también afecto a Chile, empobreciéndolo, a un gran especulador financiero y de la bolsa. El país asumirá un riesgo sin tener legislación eficaz para regular el riesgo financiero.
Y en tercer lugar, está el asunto cultural. El presidente del partido del candidato Piñera es un personaje conocido por su carga de prejuicios y discriminaciones. Sus declaraciones reflejan un mundo pre-moderno de sexismo, prejuicios sociales salidos de una mentalidad conservadora. Quienes imaginan que con Piñera accederán a la modernidad cultural – probablemente se equivocan.
Estoy en desacuerdo con quienes comentan que es sólo un cambio de élites porque las élites cambian al llegar al poder. Por ejemplo, al disponer nuevamente de los ‘mecanismos’ de la represión política para aleccionar a opositores. El público entusiasmo de Piñera por las políticas del presidente Uribe es ilustrativo de una percepción errada del asunto. Colombia sufre bajo una gran violencia contra miles de personas indefensas, víctimas de guerrillas, narcotráfico, paramilitares y del propio Ejército. La información judicial señala hoy que en sólo cuatro años cuatro mil paramilitares han asesinado a 156 mil personas. No es ese un modelo que sirva a Chile.
Por todo estos puntos creo que se equivocan quienes creen – vía dialécticas doctas y académicas - que en estas elecciones se trata sólo de un inofensivo cambio de élites.
